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PASADOPASADO
Ayer encontré en tus silencios las mentiras más crueles las alimenté con mi ingenuidad y viajé algunos años por tu universo sin comprender…
Ayer guardé mis sentimientos en la caja de Pandora los oculté en lo más profundo y respondí sola a todas mis preguntas. Con esas respuestas sepulté mi inocencia y las palabras que nunca llegaron a ti.
Ayer llenabas mis vacíos solo con tu presencia tu único esfuerzo era existir
Hoy abrí mi almacén de rencor y dejé escapar tu recuerdo de ayer, moldeé lo que quedó de él dejándole la forma de pasado que ahora tiene. MAXIDUETAMAXIDUETA
La encontré en el jardín cubierta de pétalos e instintos perfectamente imperfecta regando con sus lágrimas flores acorazadas.
Combatiendo en la locura las grietas de su caparazón cedieron y lluvia de sentimientos inundó la hierba donde reposo quedó flotando en el aire el dulce aroma de su frescor.
EL CICLOEL CICLO
Lucha entre el día y la noche los rumores de la ciudad tiemblan y se evaporan.
La noche, ganadora de batallas se corona de estrellas y luna mientras todo huye:
las horas con las horas
la vida con la vida
la felicidad con la felicidad
la noche con la noche
El ciclo no se detiene.
El ciclo no se detiene.
El sol hiriente viene a por su revancha
dibujando sombras en las paredes.
Ahora este amor es un crimen
esperaré que el sueño tienda sus alas
para que mi espíritu te vele
como una víbora
enroscada en el corazón,
que te devora.
NÁUFRAGONÁUFRAGO
¡Qué altivo y soberbio! ¡Qué seguridad desconocida en tus ojos! Los iniciales pensamientos tras la colisión. Y pequeños dolores quedaron flotando.
Ahí fue cuando dejé de ser un náufrago sin agua y transformé mis empapadas esperanzas en supervivientes del pasado.
A cada brazada que me alejaba de aquel mar de dudas pensé en el fondo de tus ojos oceánicos en ese brillo mudo que nadie entiende el que nacía en tus silencios, el lugar donde yo me guarecía y que ahora es exilio.
Desde el destierro tu falsa indiferencia me reconforta aunque mi hogar ya es algo ajeno terreno pantanoso lleno de peligro sin flores, sin estrellas, sin ti…
Este es el final de los sentimientos los últimos párrafos derrochados todo se hunde en tu mar mientras yo salgo a flote.
¡Las últimas olas baten en tu honor! PENSAMIENTOS
Subo al autobús y me siento a observar, personas aferradas a la barra, personas que leen, personas que escuchan música, gente que charla en voz alta, móviles sonando…
Este autobús me ahoga más que nunca,está lleno de pensamientos, pensamientos y más pensamientos. Casi puedo percibirlos con una mirada, los siento brotar, fluir, derramarse en todas direcciones. No se callan, todos hablan al mismo tiempo, queriendo captar mi atención, gritando unos por encima de otros. ¡Por Favor! ¡Silencio!
El autobús frena, y algunos pensamientos resbalan hacia delante, chocan entre ellos y se amontonan en el parabrisas, después desaparecen. Otros ya se bajan en la próxima parada, los veo hacer cola en la puerta.
¡Cómo estoy deseando quedarme conmigo a solas!
ELLAELLA
Vació su maleta de esperanza y se quedó a vivir en el pasado. Plantó en un jardín sus recuerdos, flores secas que regaba con lágrimas mientras la ciudad florecía, cruel, sin advertir su ausencia.
Ella era especial:
Coleccionaba amores fugaces recreándose en su estela para empaparse de la esencia del dolor, arrancaba pétalos a las margaritas muertas, se alimentaba de semillas de ilusión que nunca germinaban.
Murió ahogada en mar que habita en el fondo de las caracolas. LA INMORTALIDAD DE ORIOLOriol se desperezó y salió de la cama dando un salto enérgico. Fue al baño y se lavó la cara, pero al mirarse en el espejo tuvo una vaga sensación de que se sentía diferente. Era una impresión extraña, Oriol se sentía pasado, y no es que tuviera la sensación de que ese momento ya lo había vivido, no, es que en su presente Oriol sintió que el tiempo había avanzado por encima de él, sustituyéndolo, excluyéndolo de su ahora, desterrándolo a ser un simple espectador de su vida, sin poder tomar partido en las decisiones de su entorno.
Recordaba que la noche anterior llovía, llovía con fuerza y el caminaba pegado a Susana. Ella estaba preciosa, el pelo le caía en mechones sobre la cara, una ancha sonrisa se dibujaba en a su boca, y sus ojos brillaban con reflejo de luna, descubriendo una tristeza profunda que contrastaba con su aspecto exterior. Había empezado a llover y aunque al principio los dos apuraron el paso, minutos después, conscientes de que se mojarían de todos modos, comenzaron a caminar con lentitud, disfrutando del contacto de cada gota que les rozaba la cara.
La carretera estaba desierta y en el asfalto se formaban pequeños charcos que devolvían el reflejo de la luz de las farolas. A los lejos en los edificios se veía luz, aunque Oriol no hubiera deseado más compañía.
Tenía la imagen de Susana en la mente, su pelo se había oscurecido con la lluvia, y los mechones se habían pegado a su cara. Su sonrisa permanecía inalterable en su rostro cuando se paró bajo un árbol, entonces lo miró con aquella cara de ángel y una gota juguetona, había resbalado por su mentón para posarse en aquella hermosa frente. No podría decir cuanto tiempo estuvieron mirándose, pero el modo en que él se había acercado y la había estrechado entre sus brazos era inolvidable y fue entonces cuando la había besado. Había sido un beso largo y cálido. Cuando se separaron Susana dijo, “no te muevas”, estaba llorando y los dos permanecieron en un silencio de absoluto entendimiento.
Oriol salió a la calle desconcertado, se dio cuenta que había perdido la ilusión y que caminaba como un autómata, como alguien que camina por inercia o costumbre. Su primera sensación fue un miedo irracional al olvido, nunca lo había pensado hasta ese momento, y sin embargo al hacerlo se dio cuenta de que su único recuerdo era Susana la noche anterior, por más que se esforzaba no conseguía recordar otra cosa. Un estremecimiento le recorrió la espalda y empezó a sentir frío, una única idea le rondaba la cabeza: Susana bajo la lluvia, Susana sonriendo, Susana en sus brazos…
Caminó más rápido para ver si lograba entrar en calor, empezaba a llover otra vez, pero Oriol ya no lo advertía. A lo lejos logró diferenciar una figura femenina, era Susana. ¡Sí! estaba casi seguro de que era ella, todavía llevaba el vestido de la noche anterior. Apuró tanto el paso que casi corría y al llegar se detuvo en seco. Escuchó a Susana llorar, había un coche de policía y una ambulancia, se acercó despacio y con miedo, había entrado en una espiral donde ya no distinguía lo que era real de lo que no.
- ¡Susana! -susurró- ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
Ella no contestó, continuó con la mirada perdida, triste y distante.
Oriol era pasado, la vida seguía su curso sin él, sabía que lo que le estaba sucediendo era cruel, porque ayer él amaba a Susana y hoy la seguía amando, pero llegaría un día que Oriol no sería más que un recuerdo, un recuerdo doloroso oculto bajo la piel de su amada, un recuerdo susceptible de olvido y lo peor era que estaba condenado a verlo. ¡Qué cruel la inmortalidad! POEMAS EN BLANCO Y NEGROPOEMA EN BLANCO Y NEGRO I Rwanda 1994 ¡Son esos ojos! ¡Son esos ojos! Son esos ojos dominados por el terror los que rasgan mi alma vaciándola de rabia y lástima que fluyen libres.
¡Cuanta miseria se escapa desde las alturas!
¿A quien queremos enseñar? ¿Cómo es posible ser maestro, sin haber sido aprendiz? ¿Qué podemos enseñar nosotros a alguien que ya es libre?
¡Son esos ojos! ¡Son esos ojos! POEMA EN BLANCO Y NEGRO
II
Rwanda - 1994
La tinta negra rueda sobre el papel,
y él, blanco verdugo,
no quiere ser testigo de su muerte
LA PALABRA
LA PALABRA
Apareció en la noche,
como luz quebrando la certeza. Descubrió mi paisaje y le dio forma ubicando en él mis sueños y la realidad se hizo hermosa.
Dejando el mar a un lado y al otro lado el firmamento, en la oscuridad se hizo anfitriona de mis sueños, burbuja hermética en mis pesadillas.
Me convidó a su mesa colmada de significados. Ecos surgían de su blanca vajilla, tazas cargadas de símbolos nos deleitaron.
Esa luz en la penumbra que me hirió como punta de flecha, dejó una inquietud en mi cuerpo, utilizándome como herramienta, quedándose conmigo como el aire segundos antes del ahogo. Infinita como la noche que se ama, gratificante sonido de agua en el desierto. Grande como otro tiempo, otro espacio. Un universo colmado de estrellas conmigo dentro. RAMONARAMONA coronado de nieve tu rostro. Tus senderos se reducen y dispersan. La vida se torna indolencia en tus grises ojos.
Extenuadas tus manos marchitas. En caricias se traducen tus gestos. Tu perpetua sonrisa ilumina rostro, ansia y anhelo.
Tras la puerta entre abierta comprendo que caduca tu cuerpo. Flor cortada, condenada a mustiarse con el tiempo, lejos de su edén, olvidada te consumes en silencio.
Cuentos danzan en mi mente que de tu boca surgieron. Con una sonrisa desentierro imaginación de la infancia recuerdos:
“La Ratana” Hada de la acacia que espía. Cuando lloro mueve el árbol para mudar mi apatía en ternura, diversión y descanso.
Sólo supe con el tiempo y madurez necesaria que no era Ratana, sino viento quien movía aquella acacia.
Claves de sol susurradas volaban hasta mi oído, resguardadas por la mirada cálida, dulce, entrañable que solo derrochabas conmigo.
No escuché las últimas palabras, el último beso no fue sentido, no investigué en tus ojos mientras tu fortaleza llamada a la lucha perdía ya su última batalla. Juicio cruel del destino.
Sobre mi una certeza, Nostalgia feroz del futuro, recuerdo de primavera tornándose invierno mudo. Lágrimas que yacen muertas, suspiros rotos sobre silencios desnudos.
Ángel resignado de alas mundanas, sonrisa eterna y pelo color plata. Hoy invoco tu recuerdo siento tu espíritu a mi lado mi mente dispara deseos para que te hagas cargo:
Que el cielo llueva como antes, que tu estrella viaje conmigo, que en sueños pueda contarte en lo que me he convertido. Que así es como soy abuela, es como siempre he sido.
Cuando en invierno cala hasta los huesos el frío siento como antes tu cuerpo que levemente me abraza. Acaricia tu recuerdo mi alma mi piel se duerme en tus brazos por una brisa cálida acunada mientras yo sigo soñando con brujas duendes y hadas. 19/7/07
Camino hacia el pozo oscuro de la noche sin más equipaje que tu imagen. A mis labios asoma el reproche de tu nombre entorpeciendo de golpe el silencio, enemigo mudo.
Las sombras de ramas muertas se alargan. Protestan bajo mis pasos contagiándome del olvido que proclaman.
Sigo viva. Yo no he desaparecido. No he desaparecido. Alguien me desterró al olvido por error dejándome dentro de esta pesadilla:
Cielo sin nubes Desierto sin oasis Mar sin orillas Pena sin descanso…
Vuelo a través de los minutos retrocediendo para volver a tocarte y me detengo dos segundos antes de conseguirlo recostada sobre la paz que prometías.
Que realidad tan frágil vivo, se aleja, los párpados se cierran, voy a rendirme para seguir soñando a tu lado…
HOY ESTRENO SONRISAARRIBA EL TELÓN, HOY ESTRENO
Me acompañan los nervios previos a mi primera función, hoy estreno sonrisa. Reconozco, que aunque llevo mucho tiempo ensayando, me siento todavía insegura, espero que como los buenos artistas, sea capaz de transformarme en el escenario.
Descorro con suavidad el telón, el público va llegando. Qué nervios! He ensayado mil veces delante del espejo, estoy preparada, pero entonces... ¿Porqué tantos nervios? Vuelvo a colocar el telón en su sitio, mariposas bailan en mi estómago, el público permanece a la espera, ensayo las últimas veces delante del espejo del tocador. Mientras me repito mentalmente: "Hoy estreno sonrisa".
Escuché alguna vez, que si a un hombre le das una máscara, te será totalmente sincero, así que ¡Hoy estreno sonrisa! Una sonrisa que oculte mis miedos, preocupaciones, dudas... Una sonrisa a modo de máscara es mejor que un ceño fruncido, una mueca de desaprobación o una soledad forzada.
Se encienden los focos que dejan al público en penumbras, suena la música, "deja la vida volar", el telón se abre ¡Hoy estreno sonrisa! VIVIR SIN AGENDAVIVIR SIN AGENDA Aquel ambiente empezaba a resultar claustrofóbico, el aire estaba contaminado de la gran cantidad de tabaco que se había fumado allí la tarde anterior, parecía que el tiempo se había evaporado dejándoles plantados en las doce de la mañana, los martillazos sonaban dos pisos más arriba retumbando en la galería, entorpeciendo cualquier pensamiento posible. Nayla se levantó de un salto, su gesto era airado y susceptible, abrió la puerta del botiquín, retiró la caja de analgésicos y justo dos segundos después, maldijo su suerte de encontrarla vacía. Se giró y dijo en alto: - ¿Es que aquí todo el mundo pasa de todo? Nadie se atrevió a contestarle, ya todos conocían el carácter de Nayla, una mujer extrovertida, alegre, decidida y sensible aunque con unos cambios de humor que daban miedo, más por la rapidez con la que se producían, que por su magnitud. - Está bien, no contestéis. Salgo un momento a la farmacia, si llama alguien llevo el móvil, si viene Eduardo le decís a donde he ido. Soltó todo esto como algo dicho de memoria y repetido hasta la saciedad, se levantó y salió por la puerta. Caminaba a paso rápido. Con la mirada alta era como se encontraba el destino. Sus tacones retumbaban en los adoquines, era un caminar elegante a pesar de sus enormes zancadas. Nayla era una chica guapa, de enormes ojos, eso significaba su nombre, y una melena negra y lisa que llevaba siempre atada en una coleta. Detuvo sus pasos delante de una pastelería, entró y pidió un sándwich, salió con la bolsa colgada de la mano. Paró delante de una librería, encargó un libro y volvió a salir, su última parada fue la farmacia. De regreso, no paraba de darle vueltas a la cabeza, su corazón estaba en reposo, latía lo justo para sobrevivir: sin grandes sobresaltos, sin grandes penas, aunque algunas veces se le aceleraba con el recuerdo de alguna ausencia. Llevaba una vida normal: su trabajo, su casa, su chico, pero no era suficiente. Todo en ella gritaba, suplicaba, deseaba romperse y explotar en mil pedazos. Pero su cuerpo no respondía, se había vuelto vago. A veces Nayla se comparaba con un espantapájaros, testigo de su propia inactividad, demacrada viendo pasar la vida desde la quietud. Un muñeco que algún día tuvo ilusiones pero que ahora estaban guardadas bajo llave en algún armario secreto con dos cerraduras y un candado. - Al menos no está perdida. – pensó celebrando su ocurrencia mientras una sonrisa irónica asomaba a su cara- - Hola ya estoy de vuelta ¿ha llamado alguien? Saludó lo mejor que pudo tratando de dibujar una tímida sonrisa, pues siempre que era consciente de sus cambios de humor, sentía un terrible remordimiento y aún así su orgullo le impedía pedir perdón, pero dulcificaba su mirada y trataba de ser atenta con su entorno cuando pasaba la tempestad. Tomó asiento, abrió el primer cajón y guardó su sándwich. El dolor de cabeza se había transformado dando lugar a un pinchazo persistente. Cogió un comprimido y la llevó a los labios, tragó con suavidad y se dejó caer hacia atrás en la silla. Su carácter también había sufrido una leve transformación, no estaba de buen humor, tan solo aparentaba estarlo, a veces no podía parar de reírse por tonterías sin embargo, aunque no era una risa fingida, sí era una risa muerta, distante, artificial y dura ¿Qué le estaba pasando? ¿Se le estaba quedando pequeña su vida, o es que estaba creciendo demasiado? Se le habían pasado las ganas de comer así que sacó un café de la máquina y lo trasportó hasta su mesa haciendo equilibrios para no quemarse, pasó algunos escritos al ordenador, atendió un par de llamadas y para cuando fue a beber el café ya se había enfriado. De regreso a la realidad, recogió sus cosas, sus compañeros salían una hora más temprano, así que se encontraba sola, apagó el ordenador y salió por la puerta diez minutos antes de lo habitual. En ese preciso instante decidió que no volvería, observó la oficina con detalle, como quien quiere conservar un recuerdo exacto en la memoria, cerró la puerta y comenzó a caminar. Con la mirada alta era como se encontraba el destino. De camino a casa, paró en el parque de Castrelos y se sentó en un banco, por un instante todo lo que hizo fue permanecer sentada observando el vacío. Sacó un llavero del que colgaban tres llaves y pasó sus dedos por él, acariciándolo, deteniéndose en cada detalle. Dos llaves pertenecían a un armario, la otra a un candado, decidió que al llegar a casa rescataría su ilusión, después ya vería, quizás utilizara sus llaves de la oficina para cerrar una etapa. Al día siguiente, encontraron una nota en la mesa de Nayla: “La vida es demasiado corta como para estar haciendo lo mismo durante mucho tiempo” Se miraron y movieron la cabeza de un lado a otro con gesto de desaprobación. Después apartaron la vista a sus respectivos ordenadores, y continuaron escribiendo, algunos no eran capaces de vivir sin sus agendas.
LEYLALEYLA
Tu imagen sacudió mi cabeza por sorpresa.
Esa boca de piñón me sonrió y el mundo frenó en seco para teñirse de un color rosa intenso. No puedo dejar de mirar tu carita ovalada y esos enormes interrogantes verdes que me miran desde abajo. Tus manos, pequeñas y frágiles se agarran a mis dedos con fuerza y cuando te suelto las mueves cortando el aire con suavidad. Respiro por cada poro de tu piel, no puedo parar de acariciarte, de mirarte… siempre que estás se dibuja una sonrisa en mi cara y me invade un miedo irracional, de que tal vez el mundo no sea un lugar tan bueno y tan seguro para alguien como tu. Me acerco a ti despacio, y con una ternura que hasta ahora desconocía te acaricio susurrándote al oído, que nunca te pasará nada mientras yo esté a tu lado. ¿Cómo será tu voz? ¿Cuál tu primera palabra? ¿Serás tan sensible y soñadora como tu madre?
Un poco más tarde me desperté feliz hasta que descubrí que mis manos estaban vacías, tus ojitos habían desaparecido, mi vientre estaba seco. Leyla no existes. Nada especial habita hoy este mundo loco. RETRATO DE UN HOMBRE JUSTORETRATO DE UN HOMBRE JUSTO
El hombre nostalgia habita en su espejo todas las mañanas devolviendo a su reflejo todo el dolor que él guarda.
En sus ojos, construyó un dique de pequeños dolores al que se le han multiplicado las grietas dejando escapar tímidas lágrimas.
Las ideas que le rondan son trincheras derribadas que tornaron su valor en paciencia y esperanza.
El alma que lo habitaba era llama. Ahora tan solo quedan cenizas que vuelan libres en su ideología
De su boca se escapa un sonido hiriente Voz cavernosa, dolor oculto que grita. Su corazón que no galopa, es vertedero de injusticia.
Sus brazos, Mi lugar de recreo desde niña, y al mismo tiempo arenas movedizas. Los pelos de su barba años de empeño, Su sangre agua que no fluye, Sus sentimientos… ¡Ah! ¡Sus sentimientos son cosa mía! DIA SIN FRUTODÍA SIN FRUTO Hoy los sentidos se ocultan tras un cuerpo deshecho: Mirada perdida, muerta, clavada en una pared blanca, encarnación de fantasma al acecho. Oído agotado, olor marchito, tacto áspero, gusto reseco.
Un dolor en el vientre - del lado izquierdo - Manos presionando la fuga, carencia de vitalidad en mi cuerpo.
Pasan horas sin ser oídas. Muere el día sin ser vivido. Fortaleza nacida de esperanza alivia sembrando en mi pecho semillas de recuerdos sin dolor aunque nada crece en tierra árida el día agoniza cargado de frutos muertos. LIENZO PARA UN POETALIENZO PARA UN POETA
Una pincelada blanca y resplandeciente resbala sobre el fondo negro de la noche…
Mi paisaje tiene una luna colgada como un fantasma que atraviesa el lienzo con cuchilladas de luz iluminando el horizonte
Los trazos azules trasladan a mis sentidos la brisa fresca del mar susurrando su sutil lenguaje
Mi paisaje, tiene abismos mudos que esperan, estrellas muertas que aún brillan, caminos infinitos con árboles desnudos
El único verdor es la esperanza una mancha de acuarela persistente. La única vida una gaviota partiendo el silencio con un aullido insolente:
¿Cuánto tiempo es para siempre? AGOTADAAGOTADA
Paseo por un desierto de arena, pasión y llamas. Sobre mi cabeza planea un ave esperando muerte, solemne despliega sus alas. Errante ilusión que se escapa. Camino por un cauce seco. Río fresco que ya no canta. Vida que será olvido. Sendero que ayer fue agua. En una mano soporto - pesada carga- Dudas mortificadas, dolor que fue complacencia símbolo, final de etapa. Navego contra corriente, a una súplica que flota aferrada. Lanzada para un recuerdo que cruel la piel me levanta. Llego por fin al destino promesa de paz y calma pero habita en él un fantasma que viaja siempre conmigo. Con su presencia amenaza estoy aquí, sigo vivo alimento tu añoranza. Cruzo universos ajenos, escalo un millón de montañas, recorro eternos senderos para enterrar la nostalgia, recopilo despedidas sin retornos y futuros que naufragan.
POETA Y POESÍAPOETA Y POESÍA Ella: Soy una flor sedienta, con pétalos de sentimiento. Apago mi sed con tus últimos suspiros - manantial de sufrimiento- Poeta: Mírala, me sonríe, se comunica con mi pensamiento es voz del desequilibrio que agoniza es justicia, es soledad, es lamento… Ella: Soy agua que fluye por caminos escondidos, nunca por anchos senderos. Cuando me estanco y te espero, en silencio guardo desconsuelo. Poeta: Luchas en el bando vencido. Enemiga de la comodidad. Baila conmigo estas líneas que el ritmo inunde tu belleza de preguntas sin respuesta, invocando los dolores sin cura de mis cicatrices abiertas. ¿Qué me dices? ¿Bailas conmigo esta pieza? (Ella paciente y decidida esperó y juntos –poeta y poesía- inventaron baile de versos. Hubo abrazos, Dolores, Caricias… Giros descalzos hasta la fatiga) Poeta: Es hermosa cuando trenza en el aire movimientos. El reflejo de vida en sus ojos es, locura, y renacimiento Ella: Viajo en tu pensamiento Rodeada de lunas, alientos, sueños enemigos, despedidas y temores. Poeta: Nuestras últimas sinceridades suenan a despedida. Pero yo no existo sin tus verdades ni tu sin mis melancolías. (Cuando el baile finaliza Se quedan con la misma alma Pero por distintos caminos El poeta, por callejones sin salida y la poesía libre por atajos clandestinos) |
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